¿Cómo se disfraza la tiranía de justicia?
La fábula completa de Esopo sobre el lobo y el cordero nos da una respuesta atemporal que sigue escalofriando por su vigencia. Esta es la historia completa, fiel al original pero con una redacción clara:
Un caluroso día de verano, un cordero sediento se acercó a un arroyo cristalino para beber. Mientras inclinaba su cabeza para refrescarse, apareció un lobo hambriento que vio en él un fácil banquete. Pero el lobo, queriendo dar apariencia de justicia a su acción, decidió inventar excusas para su crueldad.
El lobo se plantó aguas arriba y comenzó a gruñir: "¡Cómo te atreves a enturbiar el agua que yo voy a beber! ¿No tienes respeto por tus superiores?"
El cordero, temblando de miedo pero con voz clara, respondió: "Disculpe, señor lobo, pero eso es imposible. El agua corre de usted hacia mí, no al revés. Yo estoy bebiendo aguas abajo de donde usted está parado".
Al ver su primer argumento refutado, el lobo cambió de táctica: "¡Bueno, entonces fue tu padre quien me hizo lo mismo hace un año en este mismo lugar!"
"Pero señor lobo", replicó el cordero con inocencia, "hace un año yo ni siquiera había nacido. Mi madre apenas me concibió esta primavera".
El lobo, enfurecido por haber quedado sin argumentos, mostró entonces sus verdaderas intenciones: "¡Poco me importan tus explicaciones! Si no fue tú, fue otro de tu maldita especie. Los corderos siempre han sido unos insolentes". Diciendo esto, saltó sobre el indefenso animal y lo devoró sin piedad.
La fábula termina con la cruda verdad: "Cuando el tirano decide actuar, las excusas sobran". El lobo, sin más pretextos, devora al cordero sin remordimientos. Esopo no nos cuenta esta historia para horrorizarnos, sino para revelar un mecanismo del poder que se repite a lo largo de la historia: los opresores siempre encontrarán razones para su crueldad, aunque sean absurdas.
Esta narración completa de 2,600 años de antigüedad contiene más sabiduría política que muchos tratados modernos. ¿Cuántas veces hemos visto versiones humanas de este diálogo desigual? Cuando los poderosos acusan a los débiles de crímenes imaginarios, cuando inventan pretextos para acciones injustas, están siguiendo el mismo guión que el lobo de la fábula.
La genialidad de Esopo fue mostrar que la verdadera justicia no necesita excusas, mientras que la tiranía siempre está buscando coartadas. Su moraleja final resuena hoy con fuerza renovada: "Quien quiere hacer daño, nunca falta con razones".